lunes, 2 de abril de 2018

Viaje a la Ciudad de la luz, reino de Venus.



Hemos  viajado a la ciudad de la eterna primavera, “el único lugar del mundo donde se puede respirar la luz”, según las palabras del poeta Jorge Guillén y que consiguió enamorar a Alfonso X el sabio, quién incorporó este precioso lugar a la corona de Castilla en el año 1266, estableciendo así, las bases socioeconómicas. No obstante, este buen hombre arrebato la ciudad a quienes la engendraron, pues fue en el año 825 cuando  Abderramán II fundó el núcleo inicial del actual casco histórico, con esas calles estrechas e íntimas que parecen riachuelos al compas de los sistemas de canalización de regadíos. 

Parece ser que la muralla defensiva de los musulmanes no frenó a los cristianos en su intención por apoderarse de la ciudad de la luz, y la brisa mediterránea que había arropado a las culturas argárica,  ibera, romana y visigoda, ahora dejaba de refrescar el sudor de sus fundadores para golpear suavemente, en armonía con el mar, el puente viejo del segura, la fachada barroca de la Catedral, el palacio Episcopal, las casas palacio, los monasterios, los conventos y las iglesias forjadas por escultores de la talla de Francisco Salzillo, Nicolás ( padre del anterior) y Roque López, de aquel siglo de oro que bañó de otra luz espiritual esta ciudad costera durante la época barroca. 

Una luz espiritual manchada de sangre y traición, puesto que la ciudad obtuvo el título, por parte de Felipe II, de “Muy noble y muy leal” por el hecho de haber intervenido contra la rebelión de los moriscos de Granada; esto fue entre el siglo XIII y  XVII, un periodo de desarrollo tanto económico como cultural gracias al negocio de la exportación de seda y productos agrícolas. Estos últimos, siguen siendo a día de hoy un motivo de turismo, ya que ofrecen productos de huerta de alta calidad que generan una amplia oferta gastronómica de cocina autóctona; muchas veces exportada al resto del mundo, puesto que, como decía Miguel de Unamuno, esta es “la ciudad más huertana o la huerta más urbana”. 

Hablando de la actualidad, no solo han llegado a nuestros días la gastronomía y algunas edificaciones, sino que también perduran las Ordenanzas de la Huerta del siglo XV (consideradas  el primer código rural español) a través del Consejo de Hombres Buenos, que administra la política de riegos basada en ellas de una forma actualizada. 

Ahora que ya se conoce su historia, creo que va siendo hora de desvelar el nombre de la ciudad, que no es otro que… ¡MURCIA!, nombre que proviene, según algunos estudios, de myrtea, derivado del latín myrtus, con el significado de mirto (un tipo de planta), debido a la creencia de que todo el lugar estaba plagado de mirtos, por tanto, se consideraba que estaban cerca del templo dedicado a Venus ( diosa romana del amor), con la que fue posteriormente identificada bajo el nombre de Venus Murcia.

Murcia es mística, es luz, es vida y es una de las 7 ciudades más pobladas de España. Además, es tanto Comunidad Autónoma como capital y cuenta con una superficie de 11.317km cuadrados, repartidos en un área metropolitana de 881km cuadrados compuesto por el casco urbano (con un núcleo central de 3km), su casco antiguo con 1,5km de dímetro y las 54 pedanías dependientes administrativamente del Ayuntamiento de Murcia que englobar a la mitad de la población del municipio. 

Hay que decir que está articulada en dos espacios distintos: la Huerta, que se extiende a lo largo de la ribera del rio Segura y que ha sido la cuna que meció todas las culturas desde el Neolítico a la actualidad; y el Campo, con terrenos áridos situados al N.O.,  N.E. y Sur del término municipal.

Llegar a Murcia es llegar a una ciudad que mezcla el espíritu de pueblo con la capital, ya que posee panaderías, heladerías, pastelerías… es decir, tiendas dedicadas a un único tipo de producto, algo que contrasta con la cantidad de gente de diferentes culturas y rasgos sociales, viéndose, en gran cantidad, gente durmiendo en cajeros, bancos de parques, etc.

El casco histórico, tan musulmán, se armoniza con los parques y fuentes, al mismo tiempo que contrasta melódicamente con los edificios barrocos y las iglesias. No obstante, posee un alto componente cristiano, viéndose en las iglesias, en los nombres de las calles, en los santos y en las vírgenes protegidas en cristaleras en las paredes de ciertas plazas. 

En resumen, Murcia es el conjunto de una gran variedad de culturas, de momentos históricos y de costumbres, es la unión convergente de la historia del Mediterráneo. 

Antes de terminar, he de señalar dos cosas que me han parecido muy curiosas:

Por una parte, que en Murcia se hace tapeo, eso de cenar es cosa rara y las tapas, digan lo que digan, no son muy baratas. Sin embargo, los pasteles son riquísimos y juegan con ingredientes árabes  que le dan esos toques dulzones, además, los precios son muy asequibles.

Por otra parte, la vida es más humana, más de calle; con esto quiero decir que no he visto a gente con el teléfono móvil hablando y chateando sin parar, ¡Cosa rara! allí la gente se sienta en los bancos de las plazas para contarse la vida, los cotilleos o las noticias; leen el periódico; se ríen y caminan sin mirar el móvil. Creo que de todo lo que he visto, esto es lo que más me ha sorprendido, no hay zombis tecnológicos. 

Aquí dejo algunas fotos con comentarios de lo que he podido observar en esta gran ciudad de luz. 

 
Uno de los parques de Murcia con Ficus ( árbol)




Puente de los peligros, llamado así por estar cerca de la Virgen de lo peligros y desde 1903, llamado puente Viejo, debido a que en esa fecha se contruyó el puente de hierro.

Hay que decir que en 1701, una riada destruyó el puente (medieval con reformas del siglo XVI) que unía la ciudad con la margen derecha del río y que servía de comienzo al camino real de Cartagena.

Con dificultades por el contexto que creaba la guerra de Sucesión (1717), se comenzaron las obras para un nuevo puente debido al nombramiento del regidor de la ciudad D. Luis Salas y Sandoval.

En ese mismo año, Toribio Martínez de la Vega presentó el memorial sobre los materiales a utilizar, constituyéndose también una Junta de Obras para hacer frente a la construcción.

Durante los 17 años que transcurrieron entre la destrucción del puente anterior y el inicio de las obras del nuevo, se utilizó como método para cruzar el Segura un puente de barcas, que siguió haciendo su función durante el largo proceso constructivo.

En 1850, el puente vivió una ampliación para ensanchar sus aceras a través de una estructura metálica unida a la sillería. No obstante, dicha ampliación fue insuficiente y se volvió a ensanchar en 1867 quedando la imagen tal y como se puede ver en la foto actual.
Jaime I el Conquistador tomó la ciudad de Murcia en 1266 tras sofocar la sublevación mudéjar. Hasta ese momento la ciudad había sido de mayoría musulmana por haber respetado el mencionado tratado de Alcaraz. El monarca, tras entrar solemnemente en Murcia visitó la Mezquita Mayor o Aljama para consagrarla a la Virgen María pues tenía por costumbre ofrecer una misa a Nuestra Señora siempre que conquistaba una villa. El edificio de la mezquita, dedicado al culto cristiano desde ese momento, no fue convertido en Catedral hasta que se aprobó la orden de traslado de la sede episcopal en 1291.

Por orden de Sancho IV, a requerimiento del obispo y sin permiso del Papa, la sede se acabó trasladando a Murcia por la supuesta inseguridad que presentaban las costas cartageneras en aquella época, unido a ser Murcia capital del "Reino" y tener aquí la Iglesia la mayor parte de sus propiedades donadas por el Rey. Sin embargo, el decreto de traslado ordenaba el mantenimiento de carthaginensis como nombre de la diócesis.

En tiempos del obispo Pedro de Peñaranda (1337-1352) se edificó el nuevo claustro gótico de la Catedral, siendo por tanto la parte más antigua del complejo arquitectónico actual, cuyos restos son hoy visitables en el Museo Catedralicio. Para construir el claustro tuvo que ser derruida una parte de la antigua mezquita, cuyos cimientos también se conservan en dicho museo.
Fue durante el obispado de Fernando de Pedrosa (1383-1402) cuando se pusieron en marcha las obras del templo actual. En 1385 se inició la cimentación, y en 1388 se puso la primera piedra, pero no fue hasta 1394 cuando comenzó el grueso de las obras de construcción del edificio que sustituyó a la antigua mezquita.

El edificio avanzó gracias a la acción de eficaces gestores como los prelados Pablo de Santa María y Fray Diego de Bedán. Bajo el Episcopado de Diego de Comontes (1446-1458) aparece la figura de Diego Sánchez de Almazán como maestro mayor de las obras. Durante estos años se cierran las bóvedas, construidas sobre pilares de haces de columnas adosadas y capiteles de tema vegetal con florones en las claves. También se realizó gran parte de la forja y rejería del templo debida a Antón de Viveros.

Posteriormente, bajo el Episcopado de Lope de Ribas (1459-1478), las obras entraron en su recta final, siendo consagrada en 1467, aunque el templo vivió puntuales reformas y añadidos; siendo los más importantes la Capilla de los Vélez (finales del siglo XV, principios del XVI), la torre-campanario (siglos XVI y XVIII), la capilla de Junterón (siglo XVI), la puerta de las Cadenas (siglos XVI y XVIII) y la nueva fachada principal o imafronte (siglo XVIII), lo que hace que posea estilos artísticos variados, aunque en su interior es totalmente gótica exceptuando algunas capillas.

En el año 1854 la Catedral sufrió un pavoroso incendio que destruyó el primitivo Altar Mayor y la sillería del coro. Las obras de reparación consistieron en la creación de un nuevo retablo neogótico (obra de los tallistas Pescador y Palao), y el encargo de un majestuoso órgano del mismo estilo a la prestigiosa firma belga Merklin-Schütze. Bajo el órgano se instaló una sillería plateresca del siglo XVI proveniente del Monasterio de Santa María de Valdeiglesias, donación que hizo la reina Isabel II a la Catedral.
¿Demonios?
El edificio empezó a ser construido en 1847 pero es una mezcla de distintas corrientes artísticas que coexistieron en la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX en España y fue declarado monumento histórico-artístico nacional en 1983, por lo que en la actualidad está considerado bien de interés cultural, con la categoría de «monumento»
Tornillo que junto con el cuerno conforman la repostería típica.
 
Río Segura con el monumento de la sardina.
"El 28 de abril de 2007 Murcia inauguró en el río Segura, junto al Puente Viejo y los Molinos, la monumental sardina que, enclavada en su lecho, rememora y rinde homenaje al más mítico y entrañable festejo de la primavera, el Entierro. La sardina, un bronce de Miguel Llamas (fallecido en 2013) valorado en 500.000€ que cubrió la promotora Grupo 2002, mide 22 m de largo y pesa 12 toneladas.

Por la boca de la sardina emana un chorro de agua de casi igual longitud que el monumento, describiendo una bonita parábola, imagen gemela del arqueo que se le intuye al pez." 








Dejo aquí un vídeo del paisaje con música de unos artístas callejeros: Vídeo del paisaje Medieval. 


También visitamos el museo Museo Ramón Gaya con una exposición sobre la pintura flamenca.

Así como el Palacio Almudí, con una exposición de arte maravillosamente sencilla y profunda forjada a manos del artísta Nono García.  

La mayor parte de la información se ha obtenido de la revista Murcia 2018 de  TurismodeMurcia.es

No hay comentarios:

Publicar un comentario